Escritorio de Noticias Mundiales – viernes 09 de noviembre del 2007

Ciencia y Tecnología
La desaparición de abejas conectada a virus

Apicultores de 35 estados han sido forzados a retroceder y observar mientras colmenas enteras de abejas disminuyen rápidamente en fuerza y cantidad—con algunos que reportan pérdidas de 30% a 90%. Llamado el síndrome del colapso de la colonia (CCD por sus siglas en inglés), estas pérdidas amenazan una industria de $14.6 mil millones de dólares que poliniza una tercera parte del suministro alimenticio de los Estados Unidos. Pérdidas semejantes fueron reportados en Canadá, varias naciones en Europa y Nueva Zelandia.

A través de los Estados Unidos, las abejas obreras han abandonado colmenas enfermas, dejando sólo unas pocas abejas masculinas y a la reina. Este fenómeno extraño ha dejado desconcertados a apicultores, científicos de diferentes campos y a los medios de comunicación

Cuando el CCD empezó a aparecer en los titulares de noticias a principios de la primavera de 2007, había una larga lista de posibles causas, de antiguos enemigos de la abeja (el parásito varroa) a lo absurdo (la radiación de torres para teléfonos celulares, una teoría que ha sido grandemente rechazada).

Una inspección de los estómagos de las abejas infectadas encontró huellas de casi cada enfermedad, bacteria y virus que ha afectado las abejas durante el último siglo. Su sistema de inmunidad fue debilitado.

Un grupo de investigación compuesto por la Universidad del Estado de Columbia se enfocó en una parte del rompecabezas. Normalmente cuando una colmena es abandonada, los oportunistas tales como la polilla de cera y otros parásitos se mueven ahí para llevarse el resto de la cera y miel. Sin embargo, cuando una colmena es víctima del CCD, los parásitos no toman residencia, y los apicultores no pueden traer una nueva colonia de abejas para habitar la colmena infectada, a menos que la colonia sea irradiada, o esterilizada.

El grupo de investigación concluyó que esto significa que el CCD probablemente fue causado por un virus. Por lo tanto, los investigadores voltearon a la genética para descubrir la respuesta. “El genoma de la abeja acaba de ser completada”, explicó Diana Cox-Foster, profesora de entomología, de la Universidad Penn State. “Entonces fue posible hacer la secuencia y eliminar el material genético de las abejas”.

Los científicos pudieron separar el ADN de la abeja de otras formas de vida, inclusive los virus.

El estudio de la Universidad de Columbia encontró que cada colmena sospechosa de tener el CCD también tuvo el ADN del exacto virus Parálisis israelí (IAPV). Ninguna huella fue encontrada en colmenas sanas.

No obstante, la mayoría de los científicos, inclusive aquellos que estudian el IAPV, creen que hay numerosas causas que causan estrés en los sistemas inmunológicos de las abejas. Se cree que los contribuyentes a la enfermedad incluyen pesticidas, sequía, la transportación de colmenas repetidas veces de costa a costa, y la desnutrición.

Los primeros indicios de síntomas de CCD fueron reportados en 2004, dos años después de que los Estados Unidos permitieran que las abejas fueran importadas de Australia.

Cada abeja afectada es anfitrión de un pantano de virus y patógenos. Las que llevaron el virus IAPV estuvieron mucho más dispuestas a contraer el CCD. El APV es visto como el último indicio del estrés que causa que las colmenas se desplomen.

Mientras que el IAPV no afecta las abejas en Australia, casi toda abeja allí lleva el virus. Los investigadores de la Universidad de Columbia notaron por ejemplo que “el parásito de varroa, ausente en Australia, inmuniza a las abejas haciéndolas más susceptibles a la infección por otros organismos”.

Dos de cuatro muestras de jalea real (otro producto de abejas) importadas de China dieron positivo para el virus.

Aunque verdaderamente no hay “evidencia concreta” el IAPV está conectado al CCD por crecientes pruebas circunstanciales. Sin embargo, muchas otras causas — sintéticas y biológicas — parecen estar contribuyendo al colapso.

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