Escritorio de Noticias Mundiales – martes 04 de marzo del 2008
Cuándo las tropas guiadas por los EE.UU. invadieron Irak en marzo del 2003, los musulmanes chiitas—habiendo sufrido por mucho tiempo bajo el régimen opresivo de Saddam Hussein—mostró fervor religioso; por fin ellos eran libres de adorar sin el acoso del gobierno.
Cuando sus mezquitas crecieron en asistencia, una necesidad creciente por líderes religiosos se desarrolló—un vacío fue llenado con lo inexperimentado, inculto y sin preparación.
Mientras tanto, los sunitas—ahora repentinamente la minoría en términos de poder e influencia nacional—experimentó su propio crecimiento religioso, incitado por el ataque violento de una fuerza militar extranjera que invadía la tierra y terminó con el gobierno dirigido por un sunita Iraquí. El fervor posterior de la religión y el nacionalismo atrajo a extremistas islámicos, tanto a extranjeros, como a los de la localidad, quienes atacaron al pobre e inculto.
Este caldero del extremismo religioso hirvió en raptos, asesinatos, bombardeos terroristas y decapitaciones. Lo mismo sunitas y chiitas, una vez amigos y vecinos, se convirtieron en enemigos mortales.
El 3 de marzo 2008 un artículo, titulado “Jóvenes iraquíes pierden su fe en la religión”, The International Herald Tribune (IHT) dijo lo siguiente: “Después de casi cinco años de guerra, muchos jóvenes iraquíes, cansados por la constante exposición de primera mano a la violencia del extremismo religioso, dicen que ellos han crecido desilusionados con los líderes religiosos y dudan de la fe que ellos predican”.
Los iraquíes adolescentes y en sus 20s, han sido criados en un mundo de raptos, desapariciones, decapitaciones y bombardeos, se han cansado de los severos “qué hacer y que no” extremistas islámicos impuestos sobre ellos. ¿Atrapado fumando? Prepárate para tener tus dedos rotos. ¿Jóvenes que usan cabello largo? Prepárate para tenerlo corto, y luego ser forzado a comértelo. Vestir pantalones cortos acarrea penas severas.
Ya no queriendo vivir bajo la carga del extremismo, muchos jóvenes en Irak están alejándose en grupos. Las sesiones semanales de oración están bajando en asistencia. Los estudiantes de posgrado pierden el interés para asistir a clases religiosas.
“En dos meses de entrevistas con 40 jóvenes en cinco ciudades iraquíes”, el artículo del IHT continúa, “una patrón de desencanto surgió, en que los jóvenes iraquíes, los pobres y la clase media, culpó a los clérigos por la violencia y las restricciones que han limitado sus vidas.
“‘Odio al Islam y a todos los clérigos porque ellos limitan nuestra libertad cada día y su instrucción llega a ser pesada sobre nosotros’, dijo Sara Sami, una estudiante de preparatoria en Basra. ‘La mayor parte de las chicas en mi preparatoria odian que las personas islámicas controlan la autoridad porque ellos no merecen ser gobernantes’.
“Atheer, una joven de 19 años de edad de un vecindario chiita pobre en Bagdad dijo, ‘Los hombres de la religión son mentirosos. Los jóvenes no les creen. Los jóvenes de mi edad no están interesados en la religión ya’”.
Algunos jóvenes, una vez que fueron sorprendidos por el fanatismo religioso, se han convertido en criminales insignificantes, gángsteres de estilo iraquí que atacan al vulnerable.
Al principio, “la lucha violenta contra los Estados Unidos fue fácil de romantizar a distancia”, el artículo continúa.
“‘Solía adorar a Osama Bin Laden’, declaró una estudiante de colegio iraquí de 24 años de edad. Ella se refería a cómo se sintió antes de que la guerra tomara control sobre su nativa Bagdad. El 11 de septiembre 2001 golpeo a la supremacía Norte Americana y fue agradable, y las muertes intangibles.
“Ahora, la estudiante lista las quejas familiares: Su colegio ha segregado los controles de seguridad; los guardias le dijeron que ya no llevara una falda reveladora; ella cubre la cabeza por seguridad.
“‘Ahora odio al Islam’, dijo ella, sentándose en la sala de su familia en el centro de Bagdad. ‘Al Qaeda y el Ejército de Mahdi esparcen el odio. Las personas son matadas por nada’.”



