Escritorio de Noticias Mundiales – miércoles 09 de abril del 2008

Las Américas
Pandillas reinan dentro de las áreas pobres en el interior de las ciudades de Jamaica

En las áreas pobres dentro de las ciudades de Jamaica, los ciudadanos están condenados a vivir con pandillas criminales violentas y el abuso de la policía, según un informe de la organización Amnistía Internacional.

El año pasado, la nación de la isla de 2,7 millones vio 1.500 homicidios y 272 asesinatos de la policía, situando a éste como uno de los primeros países en asesinatos per cápita, junto con Sudáfrica y Colombia. En los primeros tres meses del 2008, ha habido más de 300 homicidios en Jamaica.

El informe—titulado “Déjenlos matarse unos a otros – La seguridad pública en las ciudades del interior de Jamaica”—detalla la situación en las áreas pobres de la nación, la violencia de las pandillas, el uso excesivo de la fuerza de los oficiales de policía, y las condiciones pobres en general de los barrios pobres de Jamaica.

En estos vecindarios aislados, conocidos como guarniciones, los ciudadanos viven con el temor constante de pandillas violentas, y también sufren de altos niveles de desempleo, servicios ineficientes de salud y educación, escasez de agua potable, y saneamiento ineficiente.

El investigador de la organización en Jamaica, Fernand Doz Costa, dijo, “Los jamaiquinos pobres dentro de las ciudades están pagando el precio de esta crisis de seguridad pública con sus vidas. Ellos son tenidos como rehenes de un interminable enfrentamiento entre pandillas criminales, oficiales de policía quienes matan con impunidad y las autoridades quienes fallan de proteger sus derechos humanos”.

“Las pandillas criminales constituyen una pequeña población de la comunidad”, él continuó, “pero sus acciones son devastantes: ellos mantienen a miles de personas viviendo en constante temor y proporcionan una excusa para que los funcionarios de estado etiqueten a todos los miembros de la comunidad como criminales”.

Mucha de la violencia tiene sus raíces en la política jamaiquina. Desde los años setenta, los partidos han atribuido a “los palos y piedras” la política, que es utilizada para asegurar los votos. Entre elecciones, a las pandillas en estas comunidades se les fueron dadas el reinado libre, ganando de la extorsión y otras prácticas ilegales—y el crimen organizado llegó a estar ligado con el sistema político.

Aquellas pandillas políticas ocasionaron las condiciones actuales, con pandillas rivales opuestas controlando diferentes comunidades del interior de la ciudad.

A pesar de ser sitiados con tiroteos, violación y violencia diaria, los crímenes de las pandillas no son reportados. Una regla sobreentendida es que hablar con las autoridades o traicionar a la pandilla tendrá como resultado la muerte o la muerte de sus seres queridos.

Hay también una desconfianza predominante de los oficiales de policía. Años de corrupción y abuso contra los ciudadanos han dejado a las personas sin otra elección más que aceptar la violencia. Debido a una alta incidencia de palizas y ejecuciones extrajudiciales, los ciudadanos del interior de la ciudad huyen de la policía así como lo hacen de las pandillas.

Al hablar con Amnistía Internacional, un ciudadano de una ciudad del interior en el occidente de Kingston dijo, “Los jóvenes se ocultan de la policía, porque si dijeran ‘no huyas de la policía si no tienes nada que ocultar’; pero cuando haces eso, te sientas y mueres”.

Cuándo guerras estallan entre pandillas rivales, las escuelas son cerradas, los toques de quedas extraoficiales son impuestos y comunidades enteras son resguardadas, sin permitir entrar o salir a nadie. Esto puede tener como resultado ser aislado del agua potable y otros suministros.

Las mujeres son susceptibles a la brutalidad y obligadas a ceder ante avances sexuales, más el riesgo de una represalia en contra de ellas o sus familias.

Igualmente, los niños de 12 años le son dadas tareas de los miembros de las pandillas que deben llevar a cabo o enfrentar el castigo. Una mujer jamaiquina dijo a Amnistía Internacional de la ocasión cuando “el hijo de su vecino de 12 años fue enviado por una pandilla a otra comunidad, llevando una arma. El niño fue robado en el trayecto y supo que iba a ser asesinado si regresaba sin el arma y sin el dinero, así que huyó. La madre fue asesinada la mañana siguiente”.

Los miembros principales de la pandilla, que tienden a ser sólo unos cuantos jóvenes, están encargados de casi cada aspecto de las comunidades y áreas que ellos controlan—llegando a ser en esencia una administración municipal. Ellos gobiernan por intimidación y violencia, así como proporcionan protección y asistencia social, como distribuir alimento y materiales para la educación, y asignar empleos a áreas empobrecidas descuidadas por el estado.

En su informe, la Amnistía Internacional incluyó recomendaciones de como el gobierno debería tomar medidas para comenzar a proporcionar apropiadamente a los barrios pobres y también para instalar una entidad independiente para investigar las acusaciones de violencia en contra de la policía. El informe también reprendió al gobierno por no tomar un papel activo en resolver estos problemas e incluso contribuir a las condiciones en el interior de las ciudades hoy día.

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